Capítulo 16
El bullicio del exterior se filtró dentro de la tienda.
Luisa detuvo sus movimientos, haciendo una mueca.
—Voy a echar un vistazo.
Se levantó, se acomodó la túnica y salió de la tienda.
Damián se puso los pantalones y la siguió, irradiando una presión aterradora, sin el menor intento de contenerla.
Al ver salir a Luisa, en los ojos de Esteban estalló una alegría incontenible.
—¡Luisa!
Intentó abalanzarse hacia ella. —Sabía que aún estarías dispuesta a vernos... David está a punto de morir, te lo ruego, sálvalo... ¡Estoy dispuesto a entregarles todos los suministros!
Esteban apenas dio un paso cuando la gélida mirada de Damián lo dejó clavado en el lugar.
Luisa se quedó de pie en los escalones, observando la escena desde lo alto.
Su expresión era serena.
¿Salvarlo o no?
Incluso si salvaba a David esta vez, pronto moriría de todos modos; como mucho, apenas lograría prolongar su vida unos días más.
Pero ella y todos los que estaban en el Santuario realmente necesitaban los suministros de

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