Capítulo 11
Cada palabra era como un clavo helado que se clavaba brutalmente en aquellos oídos.
Su rostro se ensombreció de inmediato, las venas de las sienes se le marcaron levemente, y su voz, colmada de un frío aterrador, salió entre dientes apretados. —¡¿Qué tonterías estás diciendo?! ¿Cómo iba Elena a golpearla?
"¿Elena, golpearla?" "¿Esa mujer de voz suave y delicada, de salud frágil, que ni siquiera era capaz de pisar una hormiga?" "¿Ella, golpear a alguien?" "¿Y dejarla ensangrentada de pies a cabeza?"
"¡Era absurdo!"
Casi sin pensarlo, tomó el teléfono y marcó el número del lugar donde Elena se alojaba temporalmente.
El teléfono fue contestado rápidamente, y la voz dulce de Elena se escuchó al otro lado de la línea. —¿Hola? ¿Quién habla?
—Soy yo. —Habló Cipriano, con un tono muy grave—. Bianca... ¿Qué pasó entre ustedes?
Hubo un breve silencio en la línea, y luego la voz de Elena llegó entrecortada, con un llanto contenido y una tristeza infinita. —¿Cipriano? ¿Tú... cómo puedes preguntarm

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