Capítulo 40
—Buenas noches, mamá —dijeron los dos pequeños al unísono, y también le devolvieron el beso a su madre.
…
Al mediodía del día siguiente, Sara llevó a los dos pequeños en tren hasta el pueblo y, después, tomó un taxi hasta la aldea. El lugar había cambiado muchísimo: las carreteras estaban asfaltadas, muchas familias habían construido pequeñas casas de varios pisos y, con el desarrollo del turismo, numerosas viviendas se habían convertido en casas rurales y restaurantes. Aunque ya estaba anocheciendo, las calles seguían bien iluminadas, con farolas y pequeñas bombillas colgadas; en cada hogar brillaban las luces.
Sara no esperaba que, tras tantos años, el pueblo se hubiera desarrollado tan bien. Con los dos pequeños a su lado, pensó que la vieja casa familiar, después de tanto tiempo deshabitada, seguramente ya no sería habitable. Así que buscó una casa rural y entró directamente, con la idea de alojarse allí durante esos dos días.
Por suerte, no era temporada alta de turismo y todavía

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