Capítulo 91
Esa tal Julia era como un tumor maligno, contagiando su mala energía a todos los que la rodeaban.
Dentro de la oficina.
Andrea se puso de pie —Si no hay nada más, me voy.
Salvador alzó la mirada para verla, con un tono helado: —Ajá.
Su actitud fue tan fría que Andrea se tragó las palabras que estaba a punto de decir.
Había pensado que ya no podía seguir soportando esos días de hastío mutuo. Tal vez lo mejor era separarse en secreto del abuelo y divorciarse.
—¡Salvador! —La puerta se abrió de golpe sin previo aviso, y una figura coqueta irrumpió directamente en su campo de visión.
Andrea estaba de espaldas a la puerta de la oficina; no necesitó girarse, ni siquiera pensar, para saber quién era.
La única persona en este mundo capaz de irrumpir así era Julia.
—¡Salvador, ¿me extrañaste?! Estos días que no he podido estar contigo, no he podido dormir en las noches.
Desde el momento en que apareció, Julia fue ruidosa, como una mariposa primaveral, vestida de forma llamativa.
A diferencia de

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