Capítulo 44
Orlando la atrajo de nuevo hacia él y continuó besándola, con una fuerza dominante que buscaba poseerla por completo, saboreando cada rincón de sus fríos labios.
Julieta intentó empujarlo, pero fue inútil. Al final optó por rendirse y se refugió en el pecho de Orlando, soportándolo poco a poco.
Hasta que una mano cálida le presionó suavemente el estómago.
La voz grave y magnética de Orlando resonó en su oído.
—Solo comiste tres bocados y luego te pusiste a beber licor fuerte. ¿Te duele?
Las piernas de Julieta se aflojaron. Por alguna razón, percibió un tono de ternura y preocupación en sus palabras.
Pensó que, seguramente, se estaba volviendo loca.
Además, Orlando había estado bromeando y charlando con Catalina todo el tiempo. No podía ser que hubiera notado que ella solo había comido tres bocados.
Julieta soltó un leve quejido y murmuró sin darse cuenta. —Me duele el estómago.
Aunque en realidad, no le dolía.
—¿Quién te dijo que fueras tan terca? —Orlando dejó de besarla, sacó su telé

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