Capítulo 18
Cuando recibió la noticia, Gisela estaba en una reunión.
El teléfono vibró y, en la pantalla, aparecieron unas palabras.
—Se ha encontrado la ubicación exacta.
Se levantó de inmediato e interrumpió al gerente del departamento que estaba informando.
—Se levanta la reunión.
Las personas en la sala se miraron entre sí, pero nadie se atrevió a preguntar.
Gisela tomó su abrigo y salió apresuradamente.
La asistente la alcanzó.
—Señorita Gisela, por la tarde todavía hay...
—Cancela todo.
El auto avanzó a toda velocidad, desde Nueva York hasta aquella pequeña ciudad del sur.
Más de ocho horas de viaje, y Gisela no se detuvo ni un solo minuto.
En su mente solo había un pensamiento.
Verlo.
Tenía que verlo.
Al caer la tarde, el coche entró en la pequeña ciudad.
El navegador la guio hasta el pie de la montaña, en las afueras.
La ubicación enviada por la asistente indicaba que Roberto estaba allí.
Gisela estacionó el carro y subió por el sendero de piedra hacia la montaña.
La montaña no era alta, p

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