Capítulo 105 A partir de ahora, pondré mi lugar en su sitio
Mariana se limpió los labios con el dorso de la mano. Ese gesto, esa mirada, estaban cargados de repulsión.
Carlos se puso lívido de ira. Apretando los dientes, la fulminó con la mirada: —¿Acaso soy un virus?
Mariana respondió con calma: —Quién sabe a cuántas personas habrá besado esa boca tuya.
Al recordar que la noche anterior había besado a Kiara y que hoy la había besado a ella, a Mariana le subió un asco profundo, como si algo le revolviera el estómago.
Carlos no supo qué decir.
¡Maldita sea! ¡Como si fuera un mujeriego!
¡Cuando nadie sabía que ese beso con Mariana acababa de ser su primer beso!
En ese momento, Doña Bernal se acercó con una sonrisa. Ayudó a Mariana a acomodarse el cabello y dijo: —Lo estás malinterpretando. Carlos sigue siendo muy inocente, jamás haría cosas indebidas.
Ese adjetivo hizo que la comisura de los labios de Carlos se contrajera levemente.
Mariana claramente no le creyó. Soltó una risa suave y, tomando del brazo a Doña Bernal, dijo: —Abuela, vámonos.
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