¡El célebre Carlos Bernal, una figura de renombre en Seattle, se ha casado! Pero la mujer no solo era de aspecto poco agraciado y de complexión obesa, sino que además provenía del campo.
Durante dos años de matrimonio, él siempre se mostró frío como el hielo con ella, tratándola como un objeto desechable.
Aun así, Mariana Montoya continuó aferrándose con dolor a ese matrimonio, solo porque lo amaba: para ella, él había sido la única luz en la oscuridad de su juventud.
Hasta que el gran amor de su vida regresó del extranjero. Él obligó a Mariana a donarle sangre y, después de eso, le arrojó sin miramientos el acuerdo de divorcio.
Fue entonces cuando Mariana terminó por perder toda esperanza y despertar por completo. Firmó el acuerdo de divorcio y se fue al extranjero para comenzar una nueva vida.
Tres años después, aquella mujer fea, gorda y pueblerina regresó con un esplendor deslumbrante.
¡La cirujana número uno del mundo, venerada a nivel internacional, era ella! ¡El hacker más legendario la llamaba [pequeña diosa], el actor más famoso del país la llamaba jefa, y una princesa de la realeza la respaldaba públicamente! ¡Incluso el patriarca de una de las familias más poderosas quería reconocerla como su ahijada de honor!
Ella brillaba con luz propia y estaba rodeada de innumerables pretendientes. ¡El exmarido se arrepintió! En plena noche, aquel hombre orgulloso y altivo la acorraló contra la pared, suplicando con voz quebrada: —Mariana, por favor... volvamos a casarnos.