Capítulo 36 Solo así la abuela no se opondrá a mi boda con Kiara
Al escuchar ese ruido, el rostro de Carlos cambió levemente.
Sin pensarlo dos veces, se levantó de la silla de inmediato y caminó a grandes pasos hacia el baño.
Levantó la mano y tocó la puerta: —¡Mariana!
—Mm... —Escuchó con claridad el gemido ahogado y dolorido de Mariana.
Carlos ya no dudó más. Abrió la puerta del baño de golpe. ¡Entró corriendo!
Pero la escena frente a sus ojos hizo que sus pupilas se contrajeran de forma violenta y que su garganta se tensara.
Mariana estaba tendida en el suelo. Completamente desnuda.
Sus curvas perfectas, su busto firme y sus piernas largas y torneadas se estamparon contra la mirada de Carlos sin previo aviso.
La irrupción repentina hizo que Mariana olvidara el dolor por un instante. Al ver a Carlos, su rostro cambió de inmediato y lanzó un grito desgarrador: —¡Ah!
La respiración de Carlos se detuvo un segundo. Con rapidez, arrancó la toalla que colgaba a un lado y la lanzó hacia Mariana.
La toalla, amplia y pesada, cayó con precisión sobre su cue

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