Capítulo 75 Que Carlos haya venido de verdad es lo mejor
La mano de Marcela aún no había caído sobre el rostro de Mariana cuando, de pronto, Mariana alzó los párpados y la miró con frialdad.
Esa mirada, tan afilada que parecía tener peso propio, se clavó en Marcela; de repente, ella ya no se atrevió a moverse.
La voz de Mariana, serena hasta la indiferencia, sonó despacio: —¿Ya pensaste bien cuáles serían las consecuencias después de que esa bofetada caiga sobre mi cara?
Marcela, de pronto, recordó la escena de la noche anterior, cuando Mariana iba del brazo de Carlos.
—Mamá, no te precipites. —Intervino Salomé, apresurándose a sujetar a Marcela.
Luego se volvió hacia Doña Montoya y dijo con tono conciliador: —Abuela, creo que Mariana no lo hizo a propósito. Yo me disculpo en su nombre, no se enoje más, por favor.
Doña Montoya miró a Salomé con cierta impotencia: —Eres demasiado buena, siempre pensando en los demás. Por tu cara, esta vez no voy a hacerle nada.
Su expresión se suavizó de manera evidente.
—Gracias, abuela. —Salomé sonrió y asi

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