Capítulo 80 El estado de Carlos en ese momento era demasiado grave
Las palabras de Carlos hicieron que Mariana alzara la mirada y lo observara.
La mujer volvió de inmediato la vista hacia Mariana y, al notar la mancha oscura y llamativa en su rostro, mostró un gesto evidente de desdén.
—Vamos, guapo, no bromees. Eres tan atractivo, ¿cómo podrías fijarte en ella?
El rostro de Carlos se ensombreció de golpe. La miró fijamente y, con los labios apenas separados, soltó una sola palabra: —¡Lárgate!
El cambio repentino de actitud la dejó pálida de susto. No se atrevió a decir nada más y se fue corriendo, humillada.
Carlos miró de reojo a Mariana: —Que otros digan eso de ti, ¿de verdad te da igual escucharlo?
Mariana se encogió de hombros, totalmente indiferente: —No dijo nada que no fuera cierto. De por sí soy fea, y no estoy a tu altura.
Había sido demasiado ingenua antes, empeñándose en encajar en un mundo que no le pertenecía. Hasta que terminó golpeada por todos lados y, por fin, despertó.
¿Fea?
Carlos la observó fijamente.
Tal vez para la mayoría de la

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