Capítulo 1637
La chica estaba parada a no mucha distancia. Al principio pensó que había encontrado un fantasma, pero al confirmar que esas dos personas seguían vivas, corrió rápidamente hacia ellas, abrazando con emoción el brazo de Daniela. —¡Wuwuwu! Pensé que ya se habían muerto, me tenían tan preocupada…
Daniela levantó la mano y le acarició la cabeza, mientras su mirada se dirigía hacia no muy lejos, donde el hombre que había hecho tropezar a Darío también estaba presente.
Este hombre ahora se encontraba en una situación bastante desastrosa, pues había estado huyendo durante todo el trayecto, y su ropa ya se había convertido en jirones, dándole un aspecto de mendigo.
Al percatarse de que Daniela lo miraba, levantó de repente la barbilla y le gritó: —¿Qué miras? ¡El oso ni siquiera los tocó! Realmente tienen suerte…
La chica, furiosa, estaba a punto de soltar una maldición, pero fue detenida por Daniela. Ya era tarde, y todos solo podían descansar en ese momento; si los lobos volvían esa noche, a

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