Capítulo 25
Alejandro llevó a Amaya de regreso a casa en silencio. Amaya contemplaba la noche a través de la ventanilla; los recuerdos afloraban uno tras otro, y sus pensamientos se enredaban como una madeja imposible de desenredar.
De pronto, una mano se posó con suavidad sobre la suya. Amaya se sobresaltó y volvió en sí.
—No tengas miedo. En estos días mandaré a gente para que te proteja. Castillo no se atreverá a hacerte nada.
Amaya asintió.
—Con él ya no hay vuelta atrás. Solo que, nunca imaginé que se convertiría en alguien así.
Al llegar a casa, Amaya estaba a punto de descansar cuando, de repente, todo quedó a oscuras: se había ido la luz.
De pronto, una inquietud le oprimió el pecho. Justo cuando iba a llamar a Alejandro, unos brazos le rodearon la cintura.
—Te atrapé.
Antes de que Amaya pudiera reaccionar, Castillo le cubrió la boca con un pañuelo.
Al instante siguiente, la oscuridad lo devoró todo.
...
Cuando volvió a abrir los ojos, ya se encontraba en una habitación conocida.
Era aquel

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