Capítulo 7
—¿Una pelea? Agarré el brazo de Lia: —Explícate bien.
Lia bajó la voz: —Dicen que ayer algunos jugadores comentaron que esos dibujos eran de alguien con problemas psicológicos, señalándote a ti.
—Incluso insinuaron que quizá habías tomado fotos aún más asquerosas, hablaron muy mal.
Sentí que el estómago se me revolvía.
—¿Y luego?
—Luego Leo explotó. ¡Le soltó una patada sin pensarlo!
—El entrenador se enfureció en el acto: suspensión inmediata, le confiscó el celular y lo mandó a aislamiento.
La cabeza me zumbaba. ¿Por esas palabras? ¿Por mí?
Me apoyé contra la pared; apenas podía mantenerme en pie.
Recordé una tarde del instituto. De camino a casa, unos matones me cerraron el paso.
Con sonrisas burlonas me pidieron el contacto; estaba tan asustada que no me moví.
Leo apareció de repente y me jaló detrás de él.
Ellos lo empujaron, lo insultaron por meterse donde no le importaba.
Él no dijo nada: se lanzó a pelear. Uno contra tres. Le lastimaron el rostro y le rasgaron el uniforme.
Yo m

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