Capítulo 13
Cuando Jacqueline estaba en casa, todo estaba siempre limpio y ordenado; siempre había comida caliente en la mesa; su uniforme militar estaba impecable y su hijo bien arreglado.
Él pensaba que eso era lo normal.
Ya comprendía cuánto le había costado a ella, cuántos días y noches de esfuerzo habían sido necesarios para lograrlo.
Se acercó al escritorio... ese era el lugar donde Jacqueline solía sentarse.
Siempre la veía allí, leyendo, escribiendo o absorta en sus pensamientos.
El cajón no tenía llave.
Augusto lo abrió con la mano temblorosa.
No había nada, salvo en el fondo, donde yacía un cuaderno de tapa dura.
Estaba cubierto con papel kraft y las esquinas ya estaban desgastadas.
Lo reconoció al instante. Jacqueline lo había traído cuando se mudaron tras casarse, le había dicho que era uno de sus regalos de boda, un diario que había comenzado a escribir desde su adolescencia.
Nunca se le había ocurrido leerlo.
Solía decir: "Entre esposos debe haber privacidad".
En realidad, no le inte

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