Capítulo 10
La noche en Chicago estaba iluminada por las luces de la ciudad, pero Rosaura no tenía ánimo para admirarlas.
Estaba sentada en silencio junto a la ventana, mirando el documento que Ernesto le había enviado una hora antes, sin decidirse aún a abrirlo.
Aquel documento frente a ella era como una caja de Pandora, ejerciendo una atracción fatal.
Sentía una necesidad desesperada de saber qué contenía, pero al mismo tiempo temía que fuera exactamente lo que se imaginaba.
Tras dudar durante un buen rato, respiró hondo, tomó una decisión y, lentamente, extendió la mano para abrirlo.
Al desplegar los papeles, cayó sobre la mesa un fajo de fotografías de Camila.
En las fotos, la cara normalmente delicada de Camila estaba ahora cubierta de moretones, con sangre en la comisura de los labios.
Rosaura las fue revisando una por una, y con cada imagen su entrecejo se fruncía más.
Hasta que, al llegar a la última, su mano se quedó congelada en el aire.
En esa fotografía, el cuero cabelludo de Camila qu

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