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Capítulo 5

Cuando Rosaura volvió a despertar, se encontraba acostada en una gran cama, pero el entorno a su alrededor le resultaba completamente desconocido. Justo cuando su mente estaba llena de confusión, vio a Ernesto dormido a su lado. El perfil del hombre seguía siendo tan apuesto y tierno que, por un instante, Rosaura se sintió confundida, como si todo lo que había ocurrido no hubiera sido más que una pesadilla. Levantó lentamente la mano, con la intención de tocarlo. Pero al hacerlo, el movimiento tiró de las innumerables heridas de su cuerpo, y un dolor punzante la devolvió de golpe a la sangrienta realidad. Ernesto abrió los ojos de inmediato al sentir su movimiento y le tomó la mano con ternura. —Mi amor... Los ojos de Rosaura se llenaron de lágrimas al instante, y estas comenzaron a rodar sin control. Apartó la mano de Ernesto de un tirón y, luchando por incorporarse, se quedó petrificada en el acto. Su abundante y hermosa cabellera, que antes caía a ambos lados, había desaparecido por completo. Temblando, llevó la mano a su cabeza, y en el instante en que sus dedos tocaron el cuero cabelludo, la extraña sensación la hizo estremecerse de pies a cabeza. Donde antes su cabeza estaba cubierta por una melena densa, ahora no quedaba más que una superficie lisa. Sin importarle las lágrimas que cubrían su cara, giró la cabeza y miró a Ernesto directamente, con obstinación. —¿Dónde está mi cabello? Ernesto se estremeció ligeramente al encontrarse con la mirada cargada de reproche de Rosaura, un matiz de culpa se dibujó en su mirada. Apretó los labios y respondió en voz baja: —Amor, tu cabello estaba cubierto de pegamento industrial. No había forma de quitarlo... Además, mi prometida se molestó mucho al verlo. No tuvimos más opción que rapártelo todo. —Pero no te preocupes, ya mandé a hacer una peluca a medida. Te aseguro que será exactamente igual a tu cabello de antes... Al terminar de hablar, levantó la mano y acarició la mejilla de Rosaura con suavidad, tratando de secarle las lágrimas, pero cuanto más lo hacía, más lloraba ella. —Ernesto, ¿te sientes satisfecho al verme así? ¿Esto es lo que querías lograr? —Tu amor solo me ha traído dolor. ¡Eres un mentiroso en toda la extensión de la palabra! Rosaura hablaba sin orden ni coherencia, mientras grandes gotas de lágrimas caían de sus ojos. No importaba cuánto lo insultara, Ernesto la escuchaba en silencio, soportando con calma toda su furia. Al ver que las heridas de Rosaura comenzaban a sangrar de nuevo por el esfuerzo de moverse, se levantó para tomar una venda a un lado y comenzó a vendarla otra vez. El flequillo caído cubría sus ojos, y Rosaura no podía ver su expresión, solo sabía que sus movimientos eran suaves y concentrados. La sucesión de golpes la había llevado al límite, y las emociones contenidas en su interior estaban a punto de desbordarse. —Ernesto, no tengo ningún interés en ser tu amante. —Terminemos. Será lo mejor para los dos. Ernesto tragó saliva, y una capa de frialdad cubrió el fondo de sus ojos. —Imposible. Su voz fue grave, cargada de una determinación que no admitía cuestionamientos. —Si te alejas de mí, los hombres de afuera te destrozarán hasta no dejarte ni los huesos. —Quédate a mi lado. Esta es tu única y también tu mejor opción. Al encontrarse con la mirada aún obstinada de Rosaura, Ernesto se puso de pie. Con ambas manos sostuvo su cara, obligándola a mirarlo directamente. —Amor, tú me perteneces. Siempre me pertenecerás. —No permitiré que me dejes, aunque tenga que usar cadenas. El corazón de Rosaura dio un vuelco. Bajó la mirada y fue entonces cuando descubrió que en su tobillo ya había colocado un localizador. Lo miró con furia y lo increpó con rabia. —¡Ernesto, ¿qué es lo que pretendes hacer?! ¡Esto es un delito! Frente a su cuestionamiento, Ernesto solo dejó escapar una risa suave, mientras sus dedos acariciaban lentamente su mejilla. —Solo quiero mantener a la persona que amo siempre a mi lado. ¿Dónde está el crimen en eso? Dicho esto, se inclinó para besar los labios de Rosaura, pero en ese instante sonó de repente un teléfono con un timbrazo urgente. En la pantalla apareció el nombre "Camila", lo que atenuó un poco la locura en sus ojos. Solo le dejó una frase. "Descansa bien", y luego salió de la habitación. La puerta se cerró de golpe, y en la habitación quedó únicamente Rosaura. Se apresuró a palpar la cama en busca de su teléfono, solo para descubrir que ya no estaba allí. Entonces se levantó de inmediato y comenzó a buscar desesperadamente algún lugar por donde escapar, pero con horror descubrió que todas las ventanas estaban completamente selladas. Aparte de la puerta cerrada con llave, no había absolutamente ninguna salida. La sensación de impotencia tironeó de su corazón, arrastrándolo cada vez más hacia el abismo. Al segundo siguiente, tomó de golpe una lámpara de mesa cercana y la estrelló violentamente contra el suelo. Todo lo que entraba en su campo de visión, vasos, botiquines, adornos, cualquier objeto que pudiera romper, se convirtió en víctima de su dolor desbordado. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando, ya exhausta, escuchó la voz de Ernesto dentro de la habitación. —Amor, ¿ya te has calmado? —No pienses en irte. La habitación está vigilada con cámaras de 360 grados, sin puntos ciegos. Veo con total claridad cada uno de tus movimientos. —Descansa temprano. Mañana por la mañana vendré a verte. Rosaura se dejó caer al suelo. Poco a poco se fue calmando, y la mirada en sus ojos comenzó a despejarse. Ahora estaba completamente sola, por más que se rebelara, no serviría de nada. Finalmente volvió a recostarse en la cama, se cubrió la cabeza y se quedó dormida. Cuando despertó de nuevo, Ernesto ya estaba sentado a su lado, mirándola con una sonrisa en los ojos.

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