Capítulo 15
La tormenta interior no había logrado afectar a la María que se encontraba en el extranjero.
Con la llegada de la Navidad, en aquel país que simbolizaba la libertad y la despreocupación, ella había iniciado una nueva vida.
Una vez más regresó a casa junto a Diego y, apenas María cruzó la puerta, vio a Elena ocupada en la cocina.
Se apresuró a acercarse, pero fue empujada suavemente de vuelta para que se sentara en el sofá.
—Está bien, María; siéntate y espera; en un momento te lavas las manos y comemos.
No tuvo más remedio que obedecer dócilmente.
Al mirar a las personas frente a ella, los ojos de María se humedecieron ligeramente, cubriéndose de un brillo tenue.
Nunca había pensado que, en un lugar tan lejano, se reencontraría con amigos de su juventud.
Mucho menos había imaginado que tendrían tanta sintonía, como si fueran almas afines.
Lo que más calidez le aportó al corazón fue que Elena, al enterarse de su pasado, había derramado lágrimas incluso antes que ella.
María aún recordab

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