Capítulo 16
Aquella noche, Alejandro subió a un avión con destino a Francia.
En el instante en que palpó el anillo de diamantes en el bolsillo, apretó el puño y su mirada se volvió aún más firme.
Sabía que se había equivocado; sabía que debía disculparse como correspondía.
Utilizaría todo lo que le quedaba de vida para compensar todas las heridas que había causado a María.
¡Esta vez, sin falta, volvería a colocarle el anillo de diamantes en la mano a María!
El avión aún no se había detenido por completo cuando Alejandro, incapaz de contenerse, ya se había desabrochado el cinturón de seguridad y, desoyendo las advertencias, se levantó para colocarse junto a la puerta de la cabina.
Fue el primero en lanzarse fuera del avión, sin imaginar que en el aeropuerto se encontraría con María y Diego, quienes se preparaban para viajar a África.
En el instante en que vio a Alejandro, María no dudó ni un segundo en su paso.
Con la mirada impasible, pasó junto a él sin detenerse, sin dedicarle siquiera una mirad

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