Capítulo 17
Ella preguntó en voz baja.
Al segundo siguiente, una presión abrumadora, varias veces más intensa que la de David, estalló desde su cuerpo.
Era la supresión proveniente del linaje del lobo blanco.
Puf.
La orden sufrió un contragolpe.
David sintió como si le hubieran golpeado el pecho con un martillo pesado; escupió una bocanada de sangre que salpicó aquellas sábanas blancas.
La miró horrorizado, con el cuerpo temblando sin control.
Luisa le lanzó una mirada fría, tomó la bandeja manchada de sangre, corrió la cortina y salió.
Medianoche.
El manantial, en lo más profundo del Santuario.
Luisa, descalza, entró en el manantial.
Aún llevaba encima el olor de David; aquello le resultaba repugnante, y tenía que lavarlo con el agua de la fuente sagrada.
Tras ella, se oyó un ruido entre los matorrales.
David se sujetó el pecho y salió tambaleándose.
—Luisa...
David se quedó en la orilla, mirando a la mujer dentro del manantial. —Hablemos.
Luisa alzó un puñado de agua y se la echó sobre el brazo,

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