Capítulo 15
Rosa miró los ojos serenos del hombre y, de repente, sintió que rechazarlo era un acto inútil.
Se dio la vuelta y caminó hacia su auto. —Prefiero conducir mi propio auto.
—Tu auto se deslizó hace un momento; puede que tenga un problema en las llantas. No es seguro conducir de noche. —Él ya había encendido su vehículo, un sedán negro que se deslizó suavemente hasta quedar a su lado—. Mañana le pediré a mi asistente que lo lleve al taller. Esta noche, ven en el mío.
Rosa se quedó de pie, con la nieve empezando a caer de nuevo, acumulándose sobre sus pestañas.
El hombre la esperó con paciencia. No la apuró, pero tampoco cedió.
Finalmente, ella abrió la puerta del auto y se sentó en el asiento del copiloto.
El interior del auto estaba cálido, con un leve aroma a pino.
El vehículo avanzaba con suavidad hacia el hospital más cercano. Dentro del auto reinaba el silencio, interrumpido solo por el tenue sonido del aire acondicionado.
Mientras esperaban en un semáforo, el hombre habló de pronto:

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