Capítulo 22
Durante este tiempo, Rosa había aprendido mucho junto a Lorenzo, y la relación entre ambos también se había estrechado.
Ese día, durante una pausa en el trabajo, Rosa encontró entre sus cartas una invitación para el septuagésimo aniversario de su alma mater.
El fondo azul oscuro de la tarjeta tenía bordes dorados en relieve, y el escudo de la universidad reflejaba levemente la luz del sol.
Sostuvo la tarjeta gruesa entre los dedos y, por un instante, se sintió algo aturdida.
El tiempo pasaba muy rápido.
—¿Qué estás viendo? —La voz de Lorenzo llegó desde atrás.
Rosa se giró. Él estaba de pie en la puerta de su oficina, con una taza de café en la mano. Parecía haber salido recién de una reunión: la corbata un poco floja, los puños de la camisa arremangados hasta los codos.
—Una invitación al aniversario de mi alma mater —dijo, entregándole la tarjeta.
Lorenzo la tomó y le echó un vistazo. Alzó levemente una ceja. —¿Universidad del Río?
—Sí. —Asintió Rosa—. ¿El señor Lorenzo también es ex

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