Capítulo 23
Lorenzo se volvió hacia Rosa. —Quedé en encontrarme con el profesor Roberto; voy a saludarlo primero. Ustedes conversen.
Asintió levemente a Francisco y se dio la vuelta para irse.
Rosa y Francisco quedaron de pie frente al edificio de la facultad, rodeados por el ir y venir de la gente.
El viento invernal soplaba, levantando las hojas secas del suelo.
—¿Él te trata bien? —preguntó Francisco de repente.
Rosa lo miró. —El señor Lorenzo es un muy buen jefe.
—¿Solo un jefe? —La voz de Francisco bajó de tono.
—Francisco. —Rosa suspiró suavemente—. Eso ya no tiene nada que ver contigo.
La nuez de Adán de Francisco se movió como si quisiera decir algo, pero al final solo esbozó una sonrisa amarga. —Sí, ya no tiene nada que ver conmigo.
Ambos se quedaron en silencio por un momento.
—Mañana regreso a Nueva York —dijo Francisco de pronto.
Rosa asintió. —Buen viaje.
—Antes de irme, me gustaría verte a solas una vez más. —La miró a los ojos—. No para recuperarte, ni para insistir... Solo para des

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