Capítulo 34
Después de que Liliana se marchara, Laura fue calmándose poco a poco hasta dejar de llorar.
Manuel llevó a Laura hasta el sofá; la niña se aferró con fuerza a su brazo, sin dejar que se fuera. —Papá, ¿adónde vas?
—Voy a ocuparme un momento del trabajo; tú siéntate aquí. Haré que te traigan algo para comer.
—De acuerdo, papá.
Manuel no discutió más; regresó al escritorio, tomó el teléfono que estaba sobre la mesa y dijo: —Liliana, trae algo de comer y de beber; que sea lo que le gusta a una niña.
Colgó el teléfono y volvió a concentrarse en el trabajo que aún le quedaba. Laura se sentó tranquilamente en el sofá, esperando, mientras pensaba cómo enviarle un mensaje a su hermano para contarle que había visto a papá.
Al poco rato, Liliana entró con varios pastelitos, algo de fruta y un vaso de zumo de naranja. Los dejó sobre la mesita junto al sofá. —Laura, el pastelito de fresa que comiste la última vez; la tía te lo ha traído. Anda, come rápido.
—Gracias, tía —dijo Laura, y enseguida tom

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