Capítulo 122
A medianoche, Salvador entró y se cambió los zapatos.
La sala, antes completamente a oscuras, se iluminó de repente. Manuel, apoyado en su bastón, estaba de pie al borde de la escalera, observándolo fijamente.
—Abuelo, ¿todavía no se ha ido a dormir a estas horas?
Salvador, ya con las pantuflas puestas, se incorporó.
—¿Dormir? —Manuel gruñó. Su bastón golpeó dos veces con fuerza el suelo de cerámica, mientras en su rostro se dibujaba una expresión de decepción e ira. —Con las cosas que has hecho, ¿crees que podría dormir tranquilo?
Salvador se ensombreció.
Sabía perfectamente a qué se refería su abuelo.
Parecía que Andrea, tal como le había advertido, había hablado con él antes de pedirle el divorcio.
—De verdad no entiendo qué tienen en la cabeza ustedes, los jóvenes de hoy. —Dijo Manuel, haciendo un gesto con la mano. —¡Bah, basta! Ya no quiero meterme en sus asuntos.
A su edad, lo único que deseaba era que Andrea viviera feliz, sin sufrir ni un solo agravio.
Todo lo demás prefería d

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