Capítulo 12
Miguel buscó en Washington durante tres días y no encontró nada.
Sabía poquísimo de Luisa.
En la mañana del cuarto día, un amigo suyo del círculo artístico de otra ciudad lo llamó por teléfono.
—Señor Miguel, sobre lo que me pidió que averiguara hace un par de días, ya hay noticias —dijo Jaime; el ruido de fondo en la llamada era intenso—. Amigos en Washington dicen que hace un tiempo sí hubo una mujer llegada de Boston buscando cocineros veteranos para aprender cocina. Se apellidaba Fiorado; era muy joven, llevaba el pelo corto y hablaba con soltura.
Miguel apretó el teléfono con fuerza. —¿La dirección?
—En Leavenworth hay un local de toda la vida llamado El Rincón de Pepe, especializado en tapas y mariscos. El dueño dice que hace poco aceptó a una aprendiz, muy aplicada: llega todos los días a las seis de la mañana para cortar jamón y preparar el pescado.
Miguel miró la hora: las siete y media.
—Gracias, señor Jaime.
—Pero, señor Miguel. —Jaime dudó un instante—. Permítame ser entrom

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