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Capítulo 15

A la mañana siguiente, Miguel fue al mayor mercado de mariscos de Washington. No sabía elegir ingredientes, así que solo pudo guiarse por el precio. Un mero de cinco kilos, dos langostas del largo de un brazo y una caja de cangrejo real recién llegado: todo era de lo más caro. Cuando estaba de pie frente a El Rincón de Pepe, cargando esas costosas bolsas de plástico, Melchor acababa de abrir la puerta. —¿Señor Miguel? —Melchor lo reconoció: el pintor venido de Boston que esos días siempre se sentaba en la cafetería de enfrente. —Melchor, buenos días. —Miguel le entregó las cosas—. Un pequeño detalle, para que Luisa practique. Melchor no las aceptó y se secó las manos. —Señor Miguel, esto no es apropiado. —Yo solo... —Sé lo que piensa. —Melchor agitó la mano—. Pero Luisa está aquí para aprender el oficio, no para disfrutar de lujos. Todas las mañanas va al mercado, elige sola, regatea sola y evalúa por sí misma la calidad de los ingredientes; así es como se aprende. La mano de Miguel, q

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