Capítulo 61
El beso terminó y ambos respiraban con cierta agitación.
—Bien, vete a dormir. —La voz de Federico sonó áspera, con un deseo que aún ardía en el fondo de sus ojos.
Gisela reguló su respiración y alargó la mano para abrir la puerta.
De pronto, todo su cuerpo se quedó rígido.
—¿Qué estaban haciendo? —Los ojos de Sofía brillaban con una insinuación chismosa—. Yo decía que era imposible que te durmieras tan temprano. Sabía que había algo raro, ¡confiesa!
—Tú... tú cómo es que aún no te has ido... yo... —Gisela tartamudeó, con sus mejillas teñidas de un carmesí intenso.
—Acabo de ver que la puerta de la habitación de mi hermano estaba abierta y que él no estaba dentro, así que me entró la sospecha. Ajá, y efectivamente lo adiviné.
Sofía bromeó con una sonrisa traviesa: —Yo sabía que ustedes dos tenían algo. Mi hermano siempre era frío con todo el mundo, pero aquella vez que volviste tarde y él se puso tan nervioso y salió a buscarte personalmente, ya me olió raro. Y efectivamente...
Federic

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