Capítulo 1689
Daniela no se había dado cuenta de que había mencionado a Darío tantas veces; tal vez, por la culpa que sentía en relación con la niña, siempre temía que en cualquier momento se le escapara algo. Por eso no hacía más que mencionar a Darío, para no ponerse nerviosa. Sin embargo, a los ojos de Sebastián, eso significaba que ella lo amaba con locura.
De repente, se incorporó en la cama; sus ojos estaban llenos de entusiasmo. —¡Entonces se llamará Sol! ¡Qué nombre tan bonito! De verdad soy una genio. Voy a decírselo a Darío; le diré que el nombre ya está decidido.
Sebastián cerró los ojos en silencio, pensando que el apellido Zamora era, en realidad, un poco corriente; el apellido Guzmán habría sido mejor.
Al día siguiente volvió a quedarse cuidándola hasta la tarde. Daniela tuvo que insistirle varias veces para que regresara a casa, diciéndole que llevaba mucho tiempo allá.
Pero, él preguntó: —¿De verdad deseas tanto verme?
Las mejillas de Daniela se enrojecieron de golpe y su mente se qu

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