Capítulo 22
Por otro lado, en la familia Rodríguez.
Desde que rescataron a María, Diego no se separaba de ella ni un instante.
Había contratado a los mejores médicos y aprendido a cocinar siguiendo las indicaciones de un nutricionista, recuperando poco a poco la salud de ella.
Ella todavía recordaba aquella noche en que Diego, con los ojos enrojecidos, la abrazó como si hubiera sobrevivido a un desastre, y sus manos temblaban sin poder contenerse.
—María, no me dejes nunca más.
Durante ese tiempo, incluso en sus sueños hablaba de ella sin cesar.
Ella lo abrazaba y le repetía promesas una y otra vez, y solo entonces su corazón parecía calmarse un poco.
Quince días después, en Bali.
María se recostaba en una tumbona en la playa, disfrutando de la brisa marina, y toda ella irradiaba vitalidad.
—María, tu jugo de coco favorito.
Delante de ella, Diego se acercó con la bebida en la mano.
Se sentó naturalmente a su lado, moviéndose con discreción para protegerla del sol cegador.
Pero María percibió su ge

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