Capítulo 23
La primavera se fue y llegó el otoño; el tiempo pasó sin pausa.
María nunca imaginó que pudiera volver a caminar hacia el altar.
Esta vez, no sería una solemne boda en la iglesia, sino una ceremonia sobre el césped, que a ella tanto le gustaba.
El lugar elegido fue un palmar en Granada, donde cada ramo de flores y cada detalle de la decoración habían sido diseñados y dispuestos por Diego personalmente.
Él sabía que su María no soportaba la rigidez, así que quería prepararle una boda libre y apasionada.
Se ocupó de todo hasta el más mínimo detalle, escribió a mano cada invitación y creó personalmente las joyas de oro y los anillos de diamantes para ella.
Todo, solo porque su María merecía lo mejor.
El día de la boda, sobre el césped verde y frondoso…
Y fue curioso: la lluvia cesó justo a tiempo, ni antes ni después, exactamente cuando comenzó la ceremonia.
Bajo el arco cubierto de flores, el maestro de ceremonias levantó el micrófono y pronunció aquella pregunta.
—¿Aceptas?
En el instan

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