Capítulo 19
El olor a desinfectante llenaba la habitación y Isabela no había dormido en toda la noche.
Vio cómo el sol empezaba a elevarse y la luz de la mañana entraba por la ventana.
En la cama, las pestañas de Daniel temblaron antes de que abriera los ojos lentamente.
La respiración de Isabela se detuvo por un instante.
Aquellos ojos, profundos como tinta, tenían la misma serenidad y contención que ella recordaba, idéntica a la mirada que Gabriel le dirigió años atrás.
—Despertaste. —Dijo con la voz tensa, sin atreverse del todo a levantar la vista.
—¿Quieres agua?
Daniel negó suavemente. Su mirada se posó en los párpados hinchados de Isabela, y un destello de dolor cruzó sus ojos.
Intentó incorporarse, pero la herida del abdomen tiró de él; soltó un gemido ahogado y cayó de nuevo sobre la almohada.
—¡No te muevas! —Isabela olvidó todo lo demás y corrió hacia él, presionando con cuidado sus hombros.
—Tu herida aún no sana; si te esfuerzas, puede abrirse otra vez.
De pronto, la distancia entre a

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