Capítulo 27
Los ojos de Gustavo se iluminaron de inmediato con una enorme sorpresa. Con sumo cuidado, sacó el anillo de la caja y, como si se tratara de un tesoro invaluable, lo colocó en el dedo anular de la mano izquierda de Bianca. Calzaba perfecto.
El contacto frío del diamante contra su piel hizo que Bianca temblara ligeramente.
Gustavo se incorporó y, con ese movimiento, la atrajo suavemente hacia su pecho. El gesto fue tierno y contenido, como si abrazara una joya perdida que finalmente había recuperado.
Bianca se apoyó en el cálido y firme pecho de Gustavo y cerró los ojos.
No volvió a mirar a Cipriano.
Tampoco vio cómo, en el preciso instante en que extendió su mano y pronunció ese "sí", la última chispa de luz en los ojos de Cipriano se apagó por completo, convirtiéndose en un abismo de desolación. Yacía allí, rígido, como si le hubieran arrancado toda la vitalidad y el alma. Su rostro estaba gris y apagado, solo el leve movimiento de su pecho demostraba que seguía con vida.
Miraba fijam

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