Capítulo 14
Tras una semana desde la partida de Malena, el estado de Raúl no hacía más que decaer día tras día.
Se volvió irritable y hosco; en cambio, su productividad laboral alcanzó niveles asombrosos, como si buscara refugio en el trabajo para anestesiar sus sentidos.
Sus subordinados andaban con pies de plomo, murmurando si el director se enfrentaba a algún caso espinoso, pues su carácter se había vuelto más aterrador que nunca.
Aquella noche, unos amigos de toda la vida de familias allegadas organizaron una reunión en un club privado de lujo, y prácticamente arrastraron a Raúl fuera de la oficina.
El ambiente en el reservado era de luces tenues y música relajante, con una mesa repleta de licores y aperitivos.
Sus amigos bromeaban y charlaban sobre la bolsa, los nuevos deportivos y los últimos cotilleos del círculo social.
Pese al bullicio, Raúl se limitaba a beber en silencio en un rincón del sofá, con una melancolía inquebrantable grabada entre las cejas.
—Oye Raúl, me han contado que esa M

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