Capítulo 15
Raúl condujo a toda prisa hasta la entrada del centro comercial que le había indicado Verónica.
En efecto, divisó a un hombre sospechoso con una gorra calada merodeando por los alrededores. En cuanto vio que el carro de Raúl se detenía, el sujeto se escabulló a paso ligero con la cabeza baja.
Verónica salió disparada del centro comercial y, con los ojos inyectados en llanto, se abalanzó sobre él. Aún temblaba ligeramente: —Raúl, por fin estás aquí... estaba muerta de miedo...
Raúl la estrechó entre sus brazos, dándole unas leves palmaditas en la espalda, mientras su mirada escudriñaba con frialdad la dirección por donde había huido el hombre... No hizo preguntas; se limitó a decir con voz suave: —Ya ha pasado todo. Te llevo a casa.
Ya en el carro, Verónica se acurrucó contra él, todavía presa del pánico y sollozando por lo bajo.
Tras un silencio, alzó la mirada y observó el perfil gélido de Raúl a través de sus lágrimas: —Raúl... casémonos.
La mano de Raúl, aferrada al volante, se cris

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