Capítulo 16
¡Pum!
Raúl descargó su puño con una rabia ciega contra el escritorio.
La piel de sus nudillos se desgarró al instante, dejando que la sangre brotara, pero él fue incapaz de sentir el más mínimo dolor. Un dolor lacerante, como si le estuvieran atenazando el corazón, le recorrió el pecho, robándole el aliento.
Recordó a Malena con los ojos anegados en lágrimas y la voz quebrada por la angustia, gritándole: —¡Fue ella la que sacó la cuchilla! ¡Solo intentaba defenderme!
¿Y cuál había sido su respuesta?
La interrumpió a gritos, tachándola de embustera. Luego, ante la mirada de Samuel y Esmeralda, e instigado por la victimización de Verónica, ¡le fracturó la mano izquierda sin el más mínimo titubeo!
Raúl soltó una carcajada seca; una risa ronca y quebrada, saturada de autodesprecio y de un remordimiento lacerante. Creía estar protegiendo a una indefensa Verónica que necesitaba su amparo, sin saber que, en realidad, solo había sido el cómplice de una infamia. Se había ensañado una y otra vez

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