Webfic
Abra la aplicación Webfix para leer más contenido increíbles

Capítulo 7

Raúl se veía bastante recuperado, aunque su rostro aún lucía algo pálido. —No participes en la carrera de hoy. —Soltó Raúl yendo directo al grano, con un tono autoritario que no admitía réplica. Malena frunció el ceño. —¿Por qué? Raúl guardó silencio un instante antes de continuar: —A Verónica le encanta ese collar y está decidida a ganar. Conozco tu destreza con los caballos y sé que ella no es rival para ti. Me temo que, con tal de superarte, acabe cometiendo alguna locura sin medir el peligro. El corazón de Malena se contrajo, como si le hubieran asestado una nueva puñalada. Entonces, ¿no la había buscado para interesarse por su estado ni para pedirle perdón, sino únicamente por Verónica? ¿Temía que Verónica se pusiera en peligro con tal de ganar? ¿Y qué hay de ella? ¿Acaso no importaba que ella solo quisiera recuperar el último recuerdo de su madre? —Raúl. —Malena escuchó su propia voz, seca y ronca. —Si tanto te importa Verónica, ¿por qué no compites tú en su lugar? Raúl frunció el ceño con fuerza: —¿Crees que no lo he pensado? Pero conoces el carácter de Verónica... solo quiere saborear una victoria conseguida por ella misma. No aceptaría que yo corriera por ella. —¿Así que vienes a exigirme que me retire? —Malena soltó una risa cargada de amargura. —¡Ese collar es el legado de mi madre! Raúl, ¿tienes idea de lo que significa para mí la "Lágrima del Mar Estelar"? Raúl se quedó desconcertado un instante, como si le hubiera pillado por sorpresa, pero su tono siguió siendo implacable: —La seguridad de Verónica es la prioridad absoluta. Cuando termine la carrera, te compensaré de alguna otra forma; te ayudaré a encontrar un collar similar... —¡No me hace falta! —lo cortó Malena con brusquedad. —¡Solo quiero el de mi madre! ¡No me retiraré de la carrera! —¡Malena! —la voz de Raúl se volvió sombría, cargada de una clara advertencia. —No me obligues a llegar a extremos. —¿Que yo te obligo? —A Malena le pareció el colmo del cinismo. —¿Quién está presionando a quién? Raúl, por culpa de Verónica me has herido una y otra vez, ¡y ahora pretendes arrebatarme hasta el último recuerdo de mi madre! ¿Es que no tienes corazón? Raúl contempló su agitación; hubo un fugaz destello de duda en su mirada, pero pronto se desvaneció, reemplazado por ese afán instintivo de proteger a Verónica que siempre lo dominaba. Sin decir una palabra más, se abalanzó hacia ella, la agarró con fuerza del brazo y comenzó a arrastrarla hacia el interior de la mansión. —¡¿Qué haces?! ¡Raúl, suéltame! —Malena forcejeó desesperadamente, pero con su pierna recién curada, no era rival para la fuerza de él. Raúl la arrastró hasta la mansión y, de un empujón, la lanzó dentro del dormitorio. ¡Bun! Cerró la puerta de un portazo; enseguida sonó el clic metálico de la llave al girar. La había dejado encerrada. Malena se abalanzó contra la puerta, golpeándola con todas sus fuerzas: —¡Raúl! ¡Estás loco! ¡Déjame salir! Desde el otro lado, la voz de Raúl sonó baja y gélida: —Cálmate. No tienes permitido ir a la carrera hoy. Te soltaré cuando todo haya terminado. —¡Raúl, esto es privación ilegal de la libertad! ¡Suéltame! ¡Tengo que competir! ¡Es el legado de mi madre! —gritaba Malena hasta desgañitarse, mientras propinaba patadas a la puerta. No hubo más respuesta. Raúl se había marchado. Malena se desplomó en el suelo, con la mirada fija en la puerta cerrada. Un frío intenso la recorrió y la desesperación la envolvió como una marea implacable. ¿Cómo era capaz...? ¿Cómo podía tratarla de una forma tan cruel? Por culpa de Verónica, él no había dejado de cruzar una línea tras otra, ¡y ahora llegaba al extremo de dejarla bajo llave! Como una poseída, empezó a registrar la habitación buscando algo que le permitiera echar abajo la puerta. Al final, agarró el pesado joyero de madera maciza del tocador y, con todas sus fuerzas, lo estampó contra la ventana. ¡CRASH! ¡El cristal se hizo añicos! ¡Una ráfaga de aire gélido irrumpió en el cuarto! Sin importarle el riesgo de cortarse con los vidrios rotos, Malena trepó por el marco de la ventana y salió al exterior. Era un segundo piso, y no demasiada altura; saltó y, al impactar contra el suelo, un dolor punzante le atravesó el tobillo. Pero no podía detenerse. Cojeando, llegó hasta la carretera, detuvo un taxi y puso rumbo al club ecuestre a las afueras. Para cuando llegó, la carrera ya había concluido. Los espectadores comenzaban a abandonar el recinto. En lo alto del podio, Verónica alzaba el trofeo de campeona con una sonrisa radiante; pero lo que más hería la vista era el collar que lucía en su cuello: aquel zafiro que resplandecía bajo el sol, ¡la "Lágrima del Mar Estelar"!

© Webfic, todos los derechos reservados

DIANZHONG TECHNOLOGY SINGAPORE PTE. LTD.