Capítulo 47 Yo también siento dolor, yo también me entristezco
Con esa bofetada, el amplio salón pareció quedar en pausa de forma instantánea.
Marcela y Alonso abrieron los ojos de par en par, completamente atónitos.
La cabeza de Mariana se fue hacia un lado por el golpe, y la mejilla que había recibido la bofetada ardía con un dolor intenso.
Jamás imaginó que Ignacio llegaría a levantarle la mano.
Al ver cómo la mejilla de Mariana comenzaba a enrojecerse visiblemente, la expresión de Ignacio se congeló de golpe; en su interior surgió un sentimiento de arrepentimiento.
Mariana giró el rostro para mirarlo. Sus ojos ya estaban completamente enrojecidos. Separó ligeramente los labios y dijo: —Esta bofetada suya la llevaré grabada en el corazón. ¡No la olvidaré jamás!
Dicho esto, sin esperar a que Ignacio dijera nada, tomó su bolso y se marchó.
Al ver su espalda alejarse, Ignacio, lleno de enojo, volvió a sentarse en el sillón.
—¡Esta Mariana habla de una manera realmente exasperante! Fui personalmente a recogerla al crematorio, y hasta ordené especia

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