Capítulo 10
En la proyección apareció una sala de tortura sombría.
Una mujer frágil estaba encadenada a una cama de hierro, cubierta de heridas.
Era Luisa.
Y de pie frente a ella se encontraba, precisamente, el líder David.
—Ya que su olor te resulta desagradable, entonces espera a que se desangre hasta morir. Así no tendrás que volver a ver esa cara suya que tanto te molesta.
La voz fría de David resonó en el lugar.
El murmullo del público desapareció al instante.
Valeria entró en pánico.
Levantó el dobladillo del vestido, corrió hasta el borde de la plataforma elevada y gritó histéricamente a la multitud que estaba abajo: —¡Es falso! ¡Todo esto es falso! ¡Es la brujería de esa perra! ¡Me envidia y le está tendiendo una trampa a David!
—¡David, di algo! ¡Eres el líder de la tribu, diles rápido que esto es solo una ilusión!
La línea de la mandíbula de David se tensó.
Reconocía el lugar de la escena: era la entrada de la sala de tortura.
Cuando había pronunciado esas palabras en aquel momento, no h

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