Capítulo 13
Esa frase golpeó el punto más doloroso de David.
La masa sanguinolenta y borrosa del saco fetal que había caído sobre el altar volvió a aparecer ante sus ojos.
Era la descendencia del Lobo Blanco.
Había sido él mismo quien había puesto fin a la esperanza de la tribu y también a la última posibilidad entre él y Luisa.
—Te mataré.
En los ojos de David se alzó una negrura densa. —Si no fuera por ti, quizá ella aún estaría a mi lado.
—¿De verdad? Yo también quiero medir fuerzas contigo, a ver quién mata a quién.
Esteban arrojó la rodillera que tenía en la mano y la colocó con sumo cuidado sobre una superficie limpia a un lado.
Al segundo siguiente, dos rugidos de bestias resonaron al unísono.
En la estrecha habitación, dos lobos gigantes se enredaron en una lucha salvaje.
El lobo gris mordió la nuca del lobo pardo, y las afiladas garras de este se hundieron en el vientre del lobo gris.
No hubo técnica alguna de combate; solo el desgarro y el impulso más primitivo.
Mesas y sillas quedaron h

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