Capítulo 17
La fachada del restaurante, junto a la entrada sur del vecindario, no era grande. El nombre "El Rincón del Silencio" estaba grabado en un letrero de madera, reluciente por el agua derretida de la nieve.
Rosa llegó justo a tiempo; Lorenzo ya estaba allí.
Estaba sentado junto a la ventana, vestía un suéter gris oscuro cubierto por un abrigo negro, y en ese momento miraba su celular con la cabeza inclinada.
La luz de la nieve se filtraba por la ventana y perfilaba sus facciones de manera nítida y serena.
—Señor Lorenzo —dijo Rosa al acercarse.
Lorenzo alzó la mirada, guardó el celular y se levantó para apartarle la silla. —Eres muy puntual.
—Como debe ser —respondió Rosa, sentándose y colocando su bolso a un lado.
La calefacción del restaurante era abundante. En el aire flotaban tenues aromas de comida y madera de pino.
La decoración era sencilla: cañas de bambú enrolladas a medias y algunas macetas con plantas verdes que se extendían plácidamente en las esquinas.
—¿Todavía te duele la ro

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