Capítulo 108
Preocupados por posibles réplicas, Andrea y Sebastián permanecieron sentados hasta el atardecer.
Durante ese tiempo, Sebastián se mostró especialmente amable con ella.
—¿Te interesaría unirte a nosotros?
Le preguntó mientras sacaba su celular y le enviaba un archivo electrónico.
Era un documento sobre la inversión en aquel terreno.
Al pensar en el lugar donde él había estado antes de llegar, Andrea comprendió de inmediato: —¿Vas a explotar una mina?
—Pero mucha gente no confía en ese terreno. Es enorme, y además incluye una pequeña isla anexa. Has invertido en esto todos los ahorros de estos años. Si el resultado no es el esperado, ¿qué harás entonces?
Las preocupaciones de Andrea no eran simples conjeturas.
Aquel terreno, junto con la pequeña isla, equivalía a casi una cuarta parte del área de San Verano. Si se aprovechaba adecuadamente, podría convertirse en una fuente de riqueza incalculable.
Pero si, después de la explotación, no se encontraba nada y quedaba solo un páramo desolado

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