Capítulo 119
Debido a sus padres, él siempre había detestado a las personas infieles en el amor, y tampoco quería convertirse en un descarado intruso.
El hombre estaba sentado justo frente a ella, con el rostro y el tono de voz especialmente serios, sin el menor asomo de burla. No parecía estar bromeando.
Andrea se quedó atónita por un segundo, incapaz de reaccionar.
—¿Tú... me gustas?
El mundo de los adultos es así de directo. Andrea hacía mucho que había dejado atrás la adolescencia y los primeros enamoramientos; ya no se sonrojaba ni se turbaba ante una simple muestra de afecto o una declaración de amor.
Frente a la atracción del hombre, ahora que lo sabía, decidió afrontarla con total naturalidad.
Haberse divorciado de Salvador no significaba que estuviera emocionalmente herida ni que se hubiera cerrado por completo al amor.
Cuando pasara su cumpleaños de ese año, apenas tendría treinta.
Para una mujer, esa edad ya no se consideraba ni joven ni especialmente bella; pero, en el transcurso de tod

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